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Talentos silenciosos: Andrés.

  • 3 nov 2016
  • 4 Min. de lectura

Nos encontramos en la explanada de la escuela, era una despejada tarde de noviembre y un clima templado; durante el fin de semana se dio a conocer la noticia de que él, Andrés Ramos, había participado en el Concurso de Saxofón Clásico dentro del XV Encuentro Nacional de Saxofón en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM); una verdadera experiencia para todo aquél que aspire a saxofonista o se diga serlo, es ahí donde las más grandes personalidades del saxofón nacional convergen en sana convivencia y mucho aprendizaje.

Este encuentro se realiza cada año gracias al esfuerzo de Roberto Benítez Alonso, maestro en interpretación y actual catedrático de la UNAM, quien ha logrado posicionar a sus estudiantes en los más altos niveles técnicos e interpretativos.

Y Andrés Ramos, quien cursa el noveno semestre de la licenciatura en música e instrumentista dentro de la Facultad de Música de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL), quedó posicionado en el segundo lugar a nivel nacional en este encuentro; un verdadero logro para el saxofón regiomontano ya que, en palabras de Andrés, Monterrey tiene una cultura decadente, donde los artistas no tienen un lugar respetado comparando con otras profesiones.

Aunque apresurado por su trabajo en la Orquesta de Música Popular de la UANL (OMPUANL), con la dirección de su mismo maestro, Arturo Ávila, Andrés platica con entusiasmo el trabajo realizado en su ensayo, donde narra cómo con ejercicios para trabajar la afinación y coordinación en la sección de saxofones de la OMPUANL, continúa aprendiendo.

A pesar de los murmullos que imperan en los pasillos de la inquieta FaMus, platica de sus comienzos. Desde temprana edad estudia teoría musical con Minerva Navarro y flauta dulce en el nivel elemental de la FaMus; a los 10 años empieza tocando piano con Jorge Martínez, Rocío Molina y Dalia Márquez, quien fuera su maestra un largo tiempo. “No puedo decir que el saxofón es mi instrumento favorito porque es mi vida, por ejemplo, no puedo decir que a mí me encanta respirar porque es algo que tengo que hacer”.

Platica que su amor hacia el saxofón nace a los diez años en la banda infantil con el maestro José Ángel Reyna, quien con su conocimiento logró cautivarlo con piezas como Blues Factory, Concierto Obertura, “Todavía tengo la partitura, toda la carpeta de la banda infantil. Con esas piezas yo sentía realmente que pertenecía a un equipo, que eran los alientos, muy diferente a lo que es el piano o las cuerdas” confiesa.

La consciencia en este joven de 21 años sobre sus ideas es concisa, se siente uno con su instrumento al afirmar que emitir sonido mediante el diafragma “es como si exhalaras desde tu mismo cuerpo”. Analiza detenidamente sus palabras, no es alguien que habla sin pensar y en sus respuestas describe como la metodología de cada maestro ha influenciado en su formación.

Durante la carrera de Técnico Medio en Música, estudió safoxón con el veracruzano Bruno Nava, quien fue una guía total para él: “hacía todo lo que me decía”, afirma. Aun así, su mayor influencia ha sido su actual maestro Arturo Ávila, “Aunque sea de un estilo muy diferente, es jazzista, conoce muy a fondo la técnica del saxofón. Si hubiera tenido a otro maestro, sería muy diferente, yo no hubiera agarrado un estilo que creo estar empezando a desarrollar ahorita, quizá me hubiera ido a lo popular, pero ya me quedé en lo clásico.”

Relajado y más en confianza confiesa: “Me quedé en lo clásico porque también me gusta mucho el violín. He hecho transcripciones entre ellas, música de Bach y la sonata de César Franck”.

Quise preguntarle acerca de su motivación para la música y aquello que le llevó a ganar el concurso: “Yo no tenía idea que iba a ganar el concurso, la vez pasada que fui también concursé y ni siquiera pasé la eliminatoria, mi motivación no era ganar, a mi me encanta hacer música”.

Cabe mencionar que entre otros detalles, hizo evidente su impresión de la música: “Para mí la música es movimiento y me recuerda al Tae-Kwon-Do, me gustaba mucho estar ahí porque movía mi cuerpo y almacenar fuerza en una parte de mi cuerpo y eso se ve reflejado acá; me gusta hacer pinceladas, por ejemplo, si hago una escala me gusta mucho hacer círculos o anotaciones para ver que forma voy a hacer, quizá un levantamiento o un efecto Doppler y eso tiene mucha impresión para los jurados, pero yo toqué para mí y quienes estaban en la sala”.

Menciona también su más grande aspiración: ser concertista, convencido que eso le apasiona, “Quisiera que los compositores mexicanos hicieran mucho repertorio para saxofón solista”; platicó también de su proyecto con Juan Carlos Quintero, pianista estudiante de la FaMus, con quien converge en la música impresionista, y ha hecho transcripciones de Fauré y Debussy. Este proyecto, formalmente conocido como Dueto Ácali se ha presentado en MARCO y en la Facultad de Físico Matemáticas de la UANL.

Dentro de nuestra conversación, confesó su visión acerca del arte en un país como México, con precaución en sus palabras narra la empatía que siente hacia ciertas movilizaciones sociales y su desencanto con la sociedad que no se muestra interesada en estas causas: “Los que vivimos en Monterrey nos damos cuenta que nuestro sistema ya está podrido quizá es la naturaleza de la ciudad que no se pueda levantar”.

Nuestra charla, que no tuvo una duración mayor a una hora, concluyó en que la ciudad de Monterrey tiene una vasta cantidad de eventos artísticos y culturales, de las cuales el saxofón y la música podrían aprovecharse.


 
 
 

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